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miércoles, 23 de abril de 2014

Cerrado de forma indefinida.


Abandonaré el mundo de los blogs y la escritura en "línea" por un tiempo, necesito un verdadero descanso para plantearme si seguir subiéndolo por aquí o ir por libre, continuar el espectáculo sin público o simplemente rendirme... 

¡Hasta la próxima!

Sherlyn.

martes, 6 de agosto de 2013

Capítulo 8. Segunda Parte.



Ψ


Y ahí estaba sentada en el asiento delantero del viejo Mustang de Rémi.  Absorta en sus pensamientos, viajando en recuerdos de su infancia sin ser consciente de lo que ocurría a su alrededor. Decididamente se encontraba en aquel verano de 1997 en la costa oeste donde su familia pasaba todos los veranos. Ella y su hermano correteando por el borde de la piscina hasta que al final caían mientras reían, chapoteaban y jugaban a miles de juegos. Cómo echaba de menos a su hermano Bruno, aquel que la protegía en todo momento, aquel que siempre la hacía reír, o la hacía rabiar, aquel no permitía que nadie más lo hiciera. Hacerla rabiar era su trabajo.

            Pero duró muy poco en ese estado.

Un leve toque en el hombro la trajo de nuevo a la cruda realidad en la que estaba obligada a vivir.

«Ojalá pudiera volver a aquellos tiempos donde todo estaba bien, ojalá pudiera enmendar mis errores.»

Otro toque en el hombro que hace que se queje.

Las capas de maquillaje y ropa han hecho un gran trabajo ocultando los horrorosos moretones, pero desde luego el dolor sigue siendo el mismo, aunque es mucho peor el dolor que siente en su interior, el dolor emocional. Cada día Kay tiene menos autoestima.

«Ya hemos llegado Kay, ya hemos llegado. ¿Estás preparada para seguir arruinando la vida a unas niñas inocentes.» Piensa con cierta ironía, tristeza y resignación, una mezcla de sentimientos realmente explosiva.

-          ¿Estás  bien Kay?
-          Sí, sí, perfectamente.
-          Está bien. Baja del coche, nos están esperando desde hace un buen rato, y eso no es precisamente educado.

Ψ


-          Tengo que devolver la fotografía. –Murmuró mientras abrazaba contra su pecho la imagen que si era echada en falta le podría causar grandes problemas.

Quedaban unas horas para la llegada de sus futuros ‘’padres’’, lo que le permitía el tiempo suficiente para devolverla, ya que durante aquella semana no deberían acudir al colegio y ese día tampoco lo harían al comedor, pues por suerte comerían con Kay, Rémi y Lucas como parte del programa para adaptación que ha creado Lucas especialmente para ellas. Y a todo esto cabe añadir que Amélie estará ayudando en el comedor para preparar las mesas a la llegada de los niños del colegio, desde luego parece un día perfecto para ejecutar el plan “Déjalo dónde los has encontrado’’.

Con la fotografía entre los brazos comenzó a caminar hacia la puerta llegando por fin al sombrío pasillo.
Como siempre la luz no estaba presente agravando la tetricidad del lugar, pues apenas un tenue rayo de sol se colaba por un hueco bastante notorio en la pared.
Tenebroso, inquietante. Esas son las palabras para describirlo.
Pero ya no tenía efecto alguno en Azura. Ya no tenía miedo. Esa sensación era ya tan conocida para ella que apenas la notaba cuando se presentaba. Posiblemente si le preguntaran a que tiene miedo, diría que a nada.

Por fin llegó al final del pasillo.

De nuevo, la puerta estaba abierta, y si mirar hacia atrás se coló silenciosamente en la habitación. No había nadie, como cabía esperar. Un suspiro.

«Ahora sólo queda dejar la fotografía en dónde estaba, y te podrás olvidar de Amélie.»

Un, dos tres… tres pasos para llegar al enorme corcho que mostraba la gran colección de fotografías, el mismo corcho donde la noche anterior robó la foto.

Así pues repitió la misma hazaña. Se subió a la silla, pero esta vez para devolver la imagen sin pararse a mirar las demás. Había tenido bastante. Y eso que aún las cosas no habían hecho más que empezar.

« ¡Listo! »

            Luego se bajó de la silla y la colocó en su lugar. Estaba lista para salir de allí pero una sombra la sorprendió justo cuando se preparaba para girarse e irse por donde había venido. Pero allí estaba aquella enorme sombra que delataba que, en efecto, alguien la había descubierto o simplemente alguien se acercaba.
            Y desde luego no quería descubrirlo.
            Se quedó inmóvil esperando a que todo pasara, a que la descubrieran y fuera castigada. Ahora realmente empezaba a notar un ligero avistamiento del conocido miedo.


Ψ


            Nuevamente lágrimas recorren el rostro de Sherlyn, lágrimas de dolor, de tristeza.
¿Qué está pasando?
Ander ha desaparecido.

Para ser más claros el pequeño rubial llevaba días sin aparecer por el comedor. Pero Sherlyn eso no lo tuvo en cuenta, pues según le habían contado por aquel entonces los niños que estaban en trámites de adopción no acudían a una gran parte de comidas, por lo que se alegró pensando que sería sólo eso, que había tenido suerte.
Pero todo cambió cuando pasaron los días y no aparecía, ni siquiera para despedirse como otra niña le había contado que hacían cuando un niño abandonaba el Orfanato.

No teniendo una teoría a la que aferrarse, Sherlyn terminó pensando lo peor ya que esa horrible idea se reforzaba cuando algunos niños se atrevían a preguntar a la Rontemeyer por él, y ella solo sabía agachar la cabeza y continuar caminando como si esa pregunta no hubiera sido formulada jamás. Lo cual le hizo recordar a cómo Eileen se comportó cuando sus padres fallecieron y no sabía cómo comunicarles la fatal noticia.

¿Ander había muerto?

-          Sher, no llores. –Murmura una voz lejana y masculina. Completamente reconocible para ella.
-          ¿Tío Erich?
-          Sí, soy yo preciosa. –Silencio. –No llores.

Ahora sí, por fin Sherlyn levanta el rostro de la almohada y recorre la habitación entera en busca del Erich tatuado que recuerda.
Ahí está. A su lado.

-          Te quiero tío Erich.
-          No llores.

Repite lo mismo nuevamente “No llores’’.
Aquellas dos simples palabras se las repitió numerosas veces cuando aún se encontraba junto a ella. Y un día ella se las dijo a él. Él último día que la vio, el día anterior al de su muerte. El no paraba de decir lo siento, mientras lloraba. Él lo sabía, sabía que iba a morir. Ahora es él el que las vuelve a repetir mientras acaricia el pelo de su querida sobrina.

-          Yo también te quiero. Siento haberme ido pequeña, siento haberme ido. –De nuevo, Silencio. – Recuerda, no llores. Nadie te puede hacer daño, eres especial.


Ψ

           
La tenue sombra retrocede y desaparece entre la oscuridad.
Otro suspiro.

Desde luego Azura cree haber completado la misión con éxito, cree no haber sido descubierta por el poco tiempo en que la sombra se vislumbró, pero no es así. Ya había sido descubierta mucho antes de que decidiera devolver la fotografía. Había sido descubierta la misma noche en que huyó de la habitación con aquella foto en su bolsillo.

Y todo por culpa de un estúpido coletero. Y de nuevo, la sombra, Amélie la había pillado in fraganti mientras devolvía lo que había robado.




Ψ


-          ¡Por fin han llegado! –Grita Lucas desde el interior del orfanato mientras corre hacia la puerta. –Ya era hora Señor y señora Dubois.
-          Sentimos el retraso, pero había un horrible atasco en la autopista.
-          No pasa nada, seguidme. El almuerzo está servido en la misma sala que el día anterior. –Hace una pausa mientras camina guiándolos a pesar de que ya habían estado el día anterior. –Hoy será un día más tranquilito, comeremos todos juntos y hablaremos como una familia normal. Yo intentaré mantenerme un poco al margen para dejaros a ustedes tomar el protagonismo. ¿Os parece bien?
-          ¡Genial! –Dice Rémi mientras sonríe de forma cortés.

Y allí estaban de nuevo las niñas, de pie a la espera de la llegada de Kay y Rémi. Pero esta vez Lucas no avisó de la llegada, ni tampoco les advirtió de cómo se debían comportar. Dejó que hicieran lo que quisieran, quería ver como lo hacían por si solas sin tener a alguien que les dijera si estaba bien o estaba mal. Dejándoles absoluta libertad.

-          ¡Hola pequeñas! –Gritó en un fingido y no tan fingido entusiasmo el guapo Francés con aquel acento que a cualquier persona le podría irritar o enamorar.
-          ¡Hola Rémi! ¡Hola Kay!

Aquella acogida fue algo que realmente sorprendió a Lucas. Incluso hasta una de ellas se atrevió a dar un beso a Kay. Y sí, fue Sherlyn.
A pesar de no haber tenido un buen día se obligó a si misma a ser amable, aquella chica y el joven de acento extraño (Así lo llama ella cuando no recordaba el nombre) no tenían la culpa.
La comida ya estaba en la mesa. No hacía mucho que la habían traído por lo que aún estaba caliente.

-          Lucas. ¿Por qué a nosotros nos ponen una comida asquerosa y ahora cuando vienen adultos de fuera para adoptarnos ponen una realmente deliciosa? –Pregunta la impertinente Daysha nada más ver su plato.
-          Nunca lo entenderé. –Dice riendo con los jóvenes Dubois que no tardaron en reír al escuchar tal comentario.
-          ¿Qué os hace gracia? No he dicho nada gracioso. –Dice mirándolos de forma seria mientras infla los mofletes.

El almuerzo continuó tranquilamente con muchas bromas de por medio y algún que otro comentario no demasiado educado por parte de Daysha la que de nuevo parecía sacar el hacha de guerra ante la idea de tener unos nuevos “padres’’. Aunque también la misma Daysha se dio cuenta de algo que los demás pasaron inadvertido.
Los morados de Kaythleen. Al parecer ella no se había maquillado tan bien como creía.

-          ¿Kay? ¿Te has hecho daño?
-          ¿Qué? –Pregunta absorta hablando por primera vez en toda la tarde.
-          ¿Qué si te has hecho daño? –Dice señalando ahora un morado que se deja entre ver entre las mangas remangadas de su camiseta. –Tienes un morado muy feo.

Las miradas caen sobre ella, y traga saliva. Está nerviosa. Sin darse cuenta se había remangado la camiseta durante el almuerzo y uno de los feos morados había quedado visible.

-          Yo… me caí. –Dice sin ser demasiado convincente, pero por lo menos para la pequeña la respuesta le vale, pero para los adultos no es realmente creíble. Espera no recibir preguntas al respecto, pues sabe que podrían pensar que el propio Rémi le pega y tal vez retirarles la custodia en el caso de que se la dieran. Debía cuidar más esos detalles.


Al terminar la visita de Kay y Rémi todos se retiraron a su habitación, incluido Lucas que como de costumbre se quedaba con ellas, no las quería dejar sola en ningún momento, pues había cogido esa costumbre con  su hija Chelle la que hasta hace poco dormía con él.

Azura y Daysha se durmieron rápidamente, estaban agotadas. Pero en cambio Sherlyn aún tenía miles de cosas que le rondaban la cabeza, sobretodo la posible muerte de Ander, que para ella era verídica.

-          Lucas. –Dice al fin, esperando a que el joven de pelo rizado aún estuviera despierto.
-          Dime princesa.
-          ¿Sabes quién es Ander? ¿Lo has visto?
-          Por supuesto que sé quién es, es un niño encantador, y muy divertido. –Dice haciendo una larga pausa mientras parece pensar si contestar a la siguiente pregunta, pero finalmente lo hace y confirma las sospechas de ella. –Pero Sher… Ander ya no está aquí.
-          ¿Cómo que no está? ¿Lo han adoptado? –Hace una pausa y mira a Lucas detenidamente. -¿Por qué no se despidió de mí?
-          Sherlyn. No lo han adoptado… -Hace nuevamente una pausa que pone de los nervios a la niña. –Se ha escapado del orfanato.
-          ¿Se… se ha escapado?

Lucas asiente y se prepara para abrazarla levantándose de su improvisada cama en el suelo. Su mejor amigo del orfanato se había ido sin despedirse de ella. ¿Volvería a saber de él algún día?

Pero lo más preocupante es… ¿Cómo escapó Ander? 

Continuará...

Ya sabéis, comentad, puntuad... y si queréis enviar un mensaje más directo a mi para alguna colaboración o cualquier otra cosa ajena a la historia podéis ir al final de la página donde encontraréis un formulario para comunicaros más directamente conmigo. 

lunes, 24 de junio de 2013

Capítulo 8. Primera Parte.

Se hacía de día y pequeños pero agradables rayos de sol pasaban a través de la ventana de la acogedora habitación de Kaytleen.

Ella se hallaba tumbada sobre la cama aunque sin dormir revolviéndose desnuda entre las sábanas. No había conseguido dormir en toda la noche debido a las múltiples pesadillas que venían a ella nada más cerrar los ojos, y para colmo, le dolía todo el cuerpo a causa de los moratones en el cuello y los brazos, causados por los fuertes golpes que había recibido la noche anterior.  Lloraba desconsoladamente cada vez que recordaba lo sucedido, lo peor era que se veía obligada a no expresar ese terrible dolor a través de ellas puesto que Tyco se cabrearía y comenzaría de nuevo a gritar.
Estaba segura de que para él ya solo era una carga, a consecuencia de esto sabría que no tendría problema en acabar con ella en cuanto la situación se le presentara. Eso la aterrorizaba, pero era cierto. Y no podía hacer nada contra la realidad.


●●●


Unas horas antes a las afueras de Nueva York la pareja llegaba por fin al club después de un largo día en el orfanato con las dulces niñas.

«Volví a ver al auténtico Rémi durante unos minutos. Oh, como echaba de menos a ese Rémi encantador, atento y divertido»

A pesar de haber sido así, durante el trayecto de vuelta se mostró igual de frío aunque sabía que algo había cambiado en él. Si eso era cierto, Kay sería la persona más feliz del mundo. Pero también podría equivocarse, cosa que siempre pasaba porque tenía demasiada fe en que las personas cambiaran.


-          Son tres niñas.- Le dijo a Tyco sin mirar antes a Kay, la cual había estado llorando durante el trayecto rogándole que las dejara en paz, que no hiciera caso a Tyco.

-           Cuantas más mejor. –Se limitó a decir.


Una oleada de ira recorrió el cuerpo de Kay al oír aquellas tres simples palabras y sin más entró a la carga repitiendo una similar perorata, la misma que le había soltado a Rémi unos minutos antes.


-          Esas niñas son demasiado pequeñas. ¿Acaso no te queda un poco de corazón como para no meterlas a trabajar en lo mismo que yo? Solo tienen cinco y siete años ¿Es qué no te entra en la cabeza? Y yo que pensaba que ya no podías ser más despreciable, te superas a ti mismo. Por favor, no les hagas esto a ellas también. ¡Por favor! No te pido nada más.

La mirada asesina de Tyco no pasó desapercibida ni siquiera para Rémi, el cual no decidió intervenir en lo que iba a ocurrir a continuación y decidió escabullirse de la escena casi sin ser visto.


-          ¿¡Cómo se te ocurre hablarme de esa forma!? ¿¡Qué te tengo dicho!? ¡A mí nadie me dice como he de comportarme! ¡NADIE! ¿¡Has oído!?

-          Sí. –Musitó la joven a la vez que era empujada por él hacia la puerta del piso.

Los ánimos de Tyco parecían estar calmados cuando por fin llegaron. Kay se encerró en su habitación pensando en la pelea que se podría desatar más tarde y deseando que no fuera así. Aunque después de lo que le había dicho, seguramente ocurriría algo inevitable.

Pasos pesados y fuertes se escuchaban a través de la puerta de su habitación, Tyco se acercaba, y por su forma de caminar y el tono de la voz con el que la llamaba estaba segura de que estaba en estado de embriaguez.

-          Kaytleen cariño... Ábreme la puerta, solo quiero disculparme. –murmuró su voz al otro. Aquella frase había hecho reír de forma exagerada a Kay. ¿De verdad la creía tan ilusa?

No contestó, ni tan siquiera se movió de la cama donde se encontraba mirando fijamente hacia la puerta.


Tyco perdía la paciencia al no recibir una respuesta. Ella pudo escuchar como poco a poco alzaba la voz y empezaba a golpear la puerta con bastante fuerza. Pero de pronto los golpes cesaron hasta ya no poder escuchar nada. Kay extrañada se acercó a la puerta, pero un golpe muy fuerte hizo que se apartara dejando así entrar a un Tyco realmente cabreado. Había caído en el suelo al retroceder y Tyco ahora se abalanzaba sobre ella y le comenzaba a asestar fuertes golpes en las cienes a la vez que agarraba su cuello, todo fue tan rápido que no le dio tiempo a correr y huir de ese despreciable ser sin corazón.

Fifty Shades Trilogy | via Tumblr


-          ¡Siempre tienes que dejarme como un maldito gilipollas! ¡Como un necio, como un cabrón! ¡No me respetas! ¿¡Acaso no has aprendido aún como no has de hablarme delante de los demás!? No sé cuántas veces te habré repetido lo mismo, pero parece que no aprendes por las buenas. Lo repito, una, otra, y otra vez pero no te entra en tu maldita cabeza. Ahora cumple con tu trabajo. ¡PUTA!

No tardó demasiado en volver a agarrarla con mayor fuerza y con la mano libre jaló de la camiseta dejando sus exuberantes pechos al descubierto y comenzó a sobetearla sin mostrar una pizca de compasión.
El resto te lo podrás imaginar... Una vez más abusó de ella y le asestó una brutal paliza.



●●●


Un aire alegre inundaba el orfanato rozando sus paredes blancas. Un niño pequeño corría tras una niña mientras gritaba ‘‘¡No se lo digas a mamá! ¡No se lo digas!''
Pero la niña seguía correteando delante de su hermano hasta que al final se paró delante de una puerta y sin pedir permiso entró en la habitación.

-          Mamá, mamá. ¡Derek es bruto! ¡Me ha pellizcado

-          Amélie no seas quejica, seguro que no ha sido para tanto.

La mujer a la que llamaban mamá sonreía mientras decía aquello y a pesar de haber defendido al pequeño Derek abrazaba a su pequeña niña.
Y como si se tratara de un flash esta imagen desapareció siendo sustituida por un hombre de complexión delgada pero fuerte, que se encontraba tirado en el suelo de su habitación y con una mujer que parecía ser su hermana sobre él y que estaba agarrando un jarrón en lo alto esperando el mejor momento para soltarlo en el rostro de su hermano.

Y nuevamente nublándose aquellos recuerdos como había aparecido, volvió a la realidad en la que se encontraba.
Las hermanas Höhner se despertaban sobresaltadas. Algo había pasado, alguien había interferido sus recuerdos en sus sueños, ese había sido Derek y ahora Azura empezaba a confirmar sus sospechas acerca de la joven ''encantadora''.

Y en un acto reflejo la mayor de las niñas introdujo la mano en su bolsillo sacando la foto que el día anterior había 'robado' sin querer.


Ahora todas las piezas empezaban a encajar.


Continuará.... 
Pedir el próximo capítulo, dejad vuestra opinión y todo eso. 
Como siempre les digo, nada viene mejor que una crítica constructiva o un comentario positivo. 
Un beso enorme. 



sábado, 4 de mayo de 2013

Capítulo 7. Segunda Parte.




No solo las pequeñas tenían miedo de dirigirse a aquellos desconocidos, sino también Rémi y Kay lo tenían. Y era normal, sin embargo debían tener una actitud positiva si querían cumplir con su misión, por llamar a aquello de alguna forma.

Pasaron unos minutos tras la entrada de “Los Dubois” en la habitación y nadie había dirigido palabra alguna, aunque Rémi de forma simpática le había estado haciendo algunas muecas a las pequeñas intentando romper el hielo de forma divertida.
Finalmente Lucas decidió terminar con aquel silencio.

-          Sher, Day, Azu ellos son Kaytleen y Rémi.
-          Hola… -Se aventuró a decir Sherlyn, aun siendo la más tímida aquella pareja le había caído bien desde que habían entrado por aquellas divertidas muecas que le hicieron recordar a su tío Erich, lo echaba de menos.

Lucas francamente agradeció que al menos Sherlyn mostrara cierta simpatía por los jóvenes ya que sabía que así les resultaría más fácil todo si al menos una de las niñas cedía. Y aún cedió más diciéndole a Rémi que si quería jugar con ellas. Nunca pensó que las palabras que les había dirigido días atrás fueran a surgir efecto, ya que eran bastante testarudas respecto a lo que pensaban y sus primeras reacciones no fueron precisamente esperanzadoras.

La pequeña pronto se metió en el papel de una pirata como había hecho con Ander meses antes. Comenzó a mover una espada de madera que había en aquella maravillosa habitación que habían descubierto aquel día.

-          ¡Daysha! Tenemos que ir a por ese barco, nos han robado el tesoro mientras dormíamos. –Dijo señalando la mesa, exactamente donde se situaban los mayores. –A por ellos. –gritó entusiasmada a la vez miraba a sus hermanas, esperando que se unieran al juego.

Ninguna de las hermanas se movió hasta que Lucas las animó gritando algunas frases metiéndose en el papel del barco pirata enemigo, provocándolas. Y pocos minutos después los adultos y las niñas estaban armados con espadas de juguete.
Rémi y Lucas fueron los primeros en entrar al juego corriendo y gritando como locos mientras se ponían a la altura de las pequeñas comenzando a luchar con espadas en mano.

El juego fue bastante divertido hasta Azura terminó jugando olvidándose de a donde se tendrían que ir a finales de semana. Se estaba divirtiendo como hacía meses que no se divertía desde la muerte de sus padres.    


Ψ 


La noche sin luna era lo peor en el orfanato, apenas un haz de luz entraba por las ventanas de aquel enorme pasillo, por el que ella caminaba, a paso lento, con miedo, pero con cierta decisión, ella solo quería descubrir la verdad. Quería saber el porqué de todo aquello, siempre tan curiosa, desde luego la curiosidad es algo que en la familia Höhner no puede faltar.

Por fin llegó al final del pasillo, ahora solo tenía que abrir la puerta situada a su derecha, la cual estaba media abierta.

-               Una, dos, tres. –murmuró para sí.

La puerta se abrió ante ella después de haber dado un pequeño empujón, pensó que no iba a hacer ruido alguno, pero un chirrido horroroso que resonó por todo el pasillo. Antes de entrar comprobó que no había nadie. Suponía que tendría tiempo para revolver aquella desordenada habitación, pero eso no era realmente fiable, aun así entró imprudentemente, sin pensar en las posibilidades de ser pillada.

Nada más entrar se fijó en algo que colgaba en la pared, y conforme se iba acercando iba descubriendo de qué se trataba, era una especie de tablón de anuncios. Se acercó hasta él, el cual dificultosamente podía ver sin luz, pero pronto supo que este no contenía ningún anuncio, sino fotos en las que vio una cara conocida, una cara que semanas atrás la había asustado. Derek. Había miles de fotos de él, lo cual no entendía. ¿Por qué Amelié tenía tantas fotos de aquel hombre?

Se subió en una silla situada enfrente a él y así pudo quitar una de las fotos para observarla con mayor detenimiento, pero esto no le fue permitido ya que oyó pasos provenientes del pasillo y con miedo se metió la foto en el bolsillo y se escondió bajo la cama. Los pasos se acercaban demasiado rápido, no le daría tiempo a huir a su habitación. Cruzó los dedos para que la joven no notara nada extraño. Tenía miedo.
       
-          Pero esta mujer que se cree, primero me dice que haga esto y luego me recrimina porque lo hice de otra forma diferente a como lo hace ella. Con todo lo que yo he hecho por ella. Yo que siempre he intentado ser la mejor de sus hijos. ¿Por qué siempre tengo yo que estar en segundo lugar? Y eso que ya solo le quedo yo. ¿Por qué? –Refunfuñaba la dueña de la habitación a la vez que recogía a su paso cosas que estaban tiradas por el suelo.


«Que no me descubra, que no me descubra» 


En ese momento Azura sentía un gran nudo en el estómago y no tardó en comenzar a sudar. Escondía la cabeza entre sus manos como si se protegiera de un golpe. Se temía lo peor, no obstante no ocurrió nada, por suerte no notó nada raro en la habitación y se tumbó en la cama, lista para dormir.

«Duérmete ya» 


La escondida se comenzaba a desesperar, solo deseaba que la muchacha se durmiera y así poder escabullirse.
Dado que su visibilidad era poca y no podría saber con exactitud cuándo caería plácidamente dormida, decidió salir poco a poco de debajo de la cama sin hacer ruido, llevándose así un susto más cuando se encontró el rostro de Amelié pegado al de ella y con los ojos bien abiertos. Ninguna dijo nada, mas no tardó en darse la vuelta y seguir durmiendo.

Aquello había sido realmente chocante para una niña de aquella edad, se había llevado un susto tremendo y no quería llevarse ninguno más, de tal manera que salió corriendo de la habitación haciendo más ruido del que debería. Logró no despertarla pero en el cuarto había quedado algo que la delataría.



Continuará.... 

Pedir el próximo capítulo, dejad vuestra opinión y todo eso. 
Como siempre os digo, nada viene mejor que una crítica constructiva o un comentario positivo. 
Un beso enorme. 
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También me gustaría que hicieran esta encuesta: 

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jueves, 18 de abril de 2013

Capítulo 7. Primera Parte.

El ruido de un coche fuera del orfanato hizo correr a las pequeñas como si les fuera la vida en ello. Había llegado Lucas. Venía a quedarse de nuevo con ellas durante una semana, la diferencia de la anterior ocasión, es que en unas horas estarían allí sus posibles padres adoptivos para hablar con las niñas, interactuar con ellas y conocerlas.  


-          ¡LUCAS! ¡LUCAS! –Gritaban las tres al unísono tras la ventana de su habitación ya que aún no tenían permitido salir del cuarto. Aún era ‘temprano’.

Él no las vio lo que hizo que las tres niñas se entristecieran por un momento, pero no mucho más, ya que en nada lo tendrían frente a ellas y tendrían una larga semana para disfrutar de la compañía de su tío Lucas.

A él  no le preocupaba demasiado el tema de la adopción ya que los candidatos eran realmente buenos, pero lo que si le preocupaba era el tema de la muerte de sus padres, el cual aún estaba reciente y creía que podía crear posibles tensiones entre ellas y cierto desprecio hacia sus padres adoptivos, ya que sabe perfectamente que podrían pensar que ellos querrán sustituir a sus difuntos padres e incluso podría crear disputas entre ellas. Pero su trabajo era que eso no pasara y pensaba hacerlo lo mejor posible para que ellas tuvieran un buen futuro y los padres mayor facilidad para entenderse con ellas y no terminar cansados de intentarlo.


Ψ



-          ¡Espabílate Kay! Rémi te está esperando. ¡Venga ya! –Gritaba Tyco mientras agarraba a Kay del brazo y tiraba de ella escalera abajo. –Camina más rápido mujer, que van a llegar tarde.

-          ¡Suéltame! Ya camino yo sola. Aún son las cuatro. El orfanato está a una hora no a cuatro, así que relájate, que ya es poco agradable tener que hacer este trabajo como para tener que realizar este trabajo con tus tonterías.

-          ¡A mí no me hables así maldita puta!-Gritó mientras la agarraba más fuerte de las muñecas y la empotraba por un momento contra la puerta de la salida y la agarraba por el cuello –Ni se te ocurra volver a hablarme en ese tono. Que ya estoy harto de tus tonterías, un día me hartaré y te borraré del mapa. -Y para darle mayor credibilidad a esta amenaza sacó el cuchillo que siempre llevaba y se lo colocó en el cuello.- ¿Entendido?

No pensaba contestar a aquella última pregunta, ya que había sido todo demasiado rápido y realmente le había dado miedo, pero finalmente contesto con un leve sí, ya que algo le decía que si no contestaba acabaría con ella allí mismo. Su constante y desafiante comportamiento no lo podía evitar, ya que era en las pocas ocasiones que se sentía bien, haciéndolo enfadar. A veces Kay pensaba que era masoquista, ya que sabiendo lo que venía tras una mala contesta seguía comportándose de aquella manera impertinente. Aunque si había notado en innumerables veces que cuando se comportaba de esa forma en el club, nunca, NUNCA alzaba la voz, siquiera hacia amago por acercarse a ella y atizarle una fuerte paliza. No sabía si era por miedo a los clientes, por miedo a Rémi o simplemente por dar imagen de ser todo un caballero ante su “público’’, pues ante las demás chicas imposible. Ellas saben perfectamente de que pasta está hecho.

-          ¿Kay? –Murmuró Rémi tras ver un cuerpo por fin salir del viejo edificio.

-          Sí, Rémi. Ya nos podemos ir.

Aquellas fueron las últimas palabras que se dirigirían hasta que llegaran, y ella lo sabía. El antiguo Rémi habría hablado durante todo el trayecto, pero se había vuelto realmente frío, algo calculador, egoísta, solo pensaba en sí mismo… realmente si seguía así terminaría siendo el próximo candidato para sustituir a Tyco. Se empezaba a convertir en una copia de él.
Ella nunca hubiera imaginado que él fuera capaz de aceptar ser parte de un plan de su socio, sobre todo porque lo detestaba, detestaba sus planes y su mente perturbada, pero ahora no sabía que pensar que pasaba entre ellos dos. ¿Se habían convertido en dos buenos socios que participaban para que el negocio prosperara? No lo sabía. Kay esperaba descubrirlo pronto.


Ya tenían preparado todo lo que dirían en el orfanato a los servicios sociales por lo tanto no tendrían que dirigirse la palabra. Tyco se había asegurado de que todo estuviera hablado antes de que fueran, para que así no metieran la pata.

Ψ



-          ¡LUCAS!

Después media hora de espera por fin la Rotenmeyer le había dejado pasar a la habitación de las pequeñas.

-          ¡Preciosas! –grito Lucas abalanzándose hacia las tres cual niño de tres años.

Las abrazó durante unos minutos y después sonrío mirándolas, las había visto unos meses atrás pero sin duda habían crecido, sobre todo las gemelas, ahora estaban casi a la altura de su hermana Azura.

-          ¿Es verdad que nos van a llevar a otra casa unos hombres?

-          Bueno… para que os voy a mentir, hay una pareja joven que no pueden tener niños y les gustaría adoptar,  les propusieron adoptaros a ustedes y accedieron. Realmente no pensé que dijeran que sí ya que sois tres, pero sin duda no querían separaros y nosotros tampoco. Ahora quieren conoceros. No creo que tarden mucho en llegar y hablar con ustedes, pero tranquila aún no os iréis con ellos. Por lo tanto no os asustéis ya que no va a ser todo tan rápido como parece.

-          Entonces… ¿Ya no veremos más a la bruja? –Preguntó Daysha.

-          Si todo sale bien, sí.

-          ¡BIEN! –Gritaron al unísono las gemelas.

Azura mantenía el silencio, desde que semanas atrás Lucas le había dado la noticia no le había gustado, sobre todo porque de la manera que se las planteaban parecía que querían sustituir a sus padres. Aunque realmente no era por eso, era más porque se trataban de desconocidos que por lo primero, le daba miedo que le hicieran daño a ella y sus hermanas.

-          ¿Azu? ¿Qué te parece tener un nuevo hogar? –Preguntó de improvisto Lucas al ver que la niña no estaba demasiado entusiasmada con la idea, ni siquiera por el hecho de no ver a la Señora Marshall.

-          No me gusta.

-          ¿Pero por qué? No vais a ver más a la Rotenmeyer y vais a tener un nuevo hogar donde ser felices.

-          No quiero. ¿Y si son malos? ¿Y si nos hacen daño?

-          Para eso estoy yo aquí, para que eso no suceda nunca. ¿Vale? Así que tranquila no permitiré que os pase nada malo.

Ψ



-          Kay. ¿Estás lista? Ya estamos llegando. ¿Recuerdas todo lo que nos dijo Tyco?

-          Sí. Nos conocimos en una clase de guitarra que tú impartías para ganar dinero y yo asistí a ella porque en ese momento me interesaba la música. Pasado un tiempo nos fuimos conociendo mejor y ya llevamos cinco años juntos a pesar de los numerosos impedimentos que puso mi hermano por los cinco años que me llevabas. Y ahora creemos que estamos preparados para tener alguien a quien cuidar y nos una más, pero debido a un problema en los ovarios que no fue descubierto a tiempo no puedo tener hijos.
-          Bien, tienes buena memoria, espero que los nervios no te traicionen no me gustaría que Tyco la pagara contigo. –Murmuró mientras se bajaba del coche y se dirigía a la puerta del copiloto para abrirla. Ya habían llegado.

-          Gracias. –Sonrío al ver el gesto que había tenido, sin duda aún seguía teniendo esos modales que le hacían parecer todo un caballero.

“No me gustaría que Tyco la pagara contigo” Se repitió a si misma aquella frase que por un momento le hizo sonreír y recordar al amable y apuesto Rémi que conoció.

Su aspecto físico no había cambiado, seguía igual, espalda ancha, musculado, ojos color avellana,  vestimenta y peinado al estilo los años sesenta, pero desde luego que Rémi ya no era el mismo interiormente.

Ahí terminó la corta conversación, ahora se tenían que concentrar en la actuación por lo que decidieron meterse en sus respectivos papeles mientras se iban acercando a la puerta.

A Kay le resultaba realmente extraño, pero le dio la mano a Rémi para así parecer más unidos y de vez en cuando le miraba con una sonrisa, solo ensayaba para después.

-          Buenas tardes. ¿Son ustedes el señor y la señora Dubois? –Dijo una voz minutos después de Rémi haber tocado el timbre. Era un chico de pelo rizado.

-          Sí, somos nosotros. –Se adelantó a contestar Rémi y tras esto me dio un beso en la frente de forma cariñosa haciéndolo todo más creíble.

-          Genial, las niñas ya están listas, deseando conoceros. ¿Estáis nerviosos?

-          Un poco sí. –Murmuró Kay.

-          Tranquilos las niñas son bastante simpáticas, tranquilas y no creo que tengáis inconvenientes con ellas. Aún tienen una semana para adaptarse a ello, pero recuerda que no hace mucho que sus padres fallecieron, así que si notáis alguna conducta extraña cuando os vean ahora, es normal. Pasad, pasad.


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Sherlyn, Azura y Daysha se encontraban en una sala en la que nunca habían estado antes, y sin duda era una de las más limpias y nuevas del orfanato. Una especie de sala de reuniones con su mesa y sillas, pero con la particularidad de que había diversos juegos donde los niños podían jugar. Estaba colocado allí para que los padres pudieran interactuar con los niños de una forma más cómoda y natural en la que ninguno de los dos se sintiera incómodo, era realmente un buen método.

- Azu, Day, Sher… Ya han llegado. –Dijo Lucas el cual acababa de entrar. -¿Queréis que pasen ya?

Ninguna dijo nada. Pero asintieron con cierta duda y miedo por aquella situación, no les gustaba para nada a pesar de que perderían de vista a la señora Marshall si se iban.

Aunque ahora Azura le tenía realmente más miedo a la señorita Amélie a pesar de que nunca la vio haciendo nada malo. Tenía muchas dudas y quería resolverlas antes de irse a pesar del pavor que le daba confirmar lo que le había dicho Derek.

CONTINUARÁ....

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